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por Redacción

Microorganismos del suelo y productividad: el papel oculto de la rizosfera en sistemas de invernadero

El tomate (Solanum lycopersicum) es el cultivo hortícola más importante del mundo tanto en volumen de producción como en valor económico. Se cultiva en climas tropicales y subtropicales de todos los continentes, con China a la cabeza de la producción global con aproximadamente 70 millones de toneladas anuales (FAOSTAT, 2023), seguida de India con cerca de 20.4 millones. En Sudamérica, Brasil lidera la producción regional con alrededor de 3.9 millones de toneladas anuales. Además de su relevancia comercial, el tomate destaca por su valor nutricional: aporta minerales, micronutrientes, vitaminas y compuestos bioactivos que lo posicionan como una fuente accesible y económica de suplementación en la dieta humana.

El rendimiento del tomate es el resultado de una compleja interacción entre variables ambientales, edáficas y biológicas. Entre las primeras destacan la temperatura, el fotoperiodo, la intensidad lumínica y la calidad del agua de riego; entre las edáficas, la fertilidad y la textura del suelo. Sin embargo, un factor que ha cobrado creciente relevancia en la investigación agronómica es la dimensión biológica del suelo: la microbiota rizosférica. Las plantas de tomate establecen interacciones benéficas con comunidades microbianas que influyen directamente sobre la absorción de nutrientes, el crecimiento vegetal y la productividad final.

La rizosfera: un ecosistema en miniatura

La rizosfera,zona del suelo directamente influida por las raíces, alberga una extraordinaria diversidad microbiana cuya composición responde tanto a las características del suelo como a las señales metabólicas emitidas por la planta. El rendimiento, la calidad organoléptica y la resistencia a estreses bióticos y abióticos del tomate están determinados, en buena medida, por estas interacciones. Las plantas participan activamente en el reclutamiento de sus comunidades microbianas, seleccionando microorganismos que potencian su desempeño productivo.

Para estudiar esta microbiota se han desarrollado herramientas de alto poder analítico, como la metagenómica shotgun y la secuenciación taxonómica mediante el gen 16S rRNA y el espaciador transcrito interno (ITS) del ribosoma nuclear. Estas tecnologías permiten caracterizar tanto la composición como la funcionalidad de las comunidades microbianas del suelo rizosférico.

Funciones de la microbiota en el cultivo de tomate

La microbiota del suelo,bacterias, hongos, actinomicetos, protozoarios y otros microorganismos, desempeña funciones esenciales para la productividad del tomate. En materia de nutrición vegetal, microorganismos como Azospirillum, Bacillus, Pseudomonas y los hongos micorrízicos arbusculares (HMA) facilitan la solubilización de fósforo, la fijación biológica de nitrógeno y la movilización de micronutrientes esenciales, resultando en plantas más vigorosas, con mayor área foliar, mejor cuajado y frutos de mayor tamaño y calidad.

En materia fitosanitaria, la microbiota funciona como una barrera biológica frente a patógenos del suelo. Microorganismos benéficos compiten por espacio y recursos con agentes causales de enfermedades como Fusarium oxysporum, Rhizoctonia solani y Pythium spp., reduciendo la incidencia de marchitez, damping-off y pudriciones radiculares. Algunos producen metabolitos antimicrobianos o inducen resistencia sistémica en la planta, reforzando sus defensas naturales.

Hongos y bacterias también mejoran la estructura física del suelo al producir polisacáridos y redes hifales que favorecen la agregación de partículas, incrementando la porosidad, la retención de humedad y la aireación. Esta función resulta especialmente valiosa en sistemas intensivos de producción de tomate, donde la compactación y la degradación de materia orgánica son problemas recurrentes. Finalmente, una microbiota diversa y equilibrada promueve la síntesis de fitohormonas,auxinas, giberelinas y citoquininas, que mejoran la tolerancia del cultivo a condiciones de estrés abiótico como salinidad, sequía o temperaturas extremas.

¿Por qué estos microorganismos podrían relacionarse con tomates más grandes?

Un mayor tamaño/peso del fruto, se asocia estadísticamente con una mayor presencia o abundancia de ciertos géneros de bacterias y hongos específicos en el suelo:

  • Bacterias:
    • Amphiplicatus (filo Proteobacteria).
    • Bacillus (filo Firmicutes).
    • Acidothermus (filo Acidobacteria).
  • Hongos:
    • Cladosporium sp.
    • Chrysosporium sp.

Estos microorganismos no son necesariamente la causa directa del mayor peso, pero forman parte de un conjunto de factores (junto con nutrientes como Cu, Zn, P, Mg, materia orgánica y capacidad de intercambio catiónico) que caracterizan los suelos donde se obtienen tomates más grandes. El estudio encontró menor presión de patógenos en esos sistemas.

  • Bacillus: Muy conocido en agricultura. Muchas especies son promotoras del crecimiento vegetal (PGPR): producen hormonas, solubilizan nutrientes (como fósforo), fijan nitrógeno o actúan como biocontrol contra patógenos. Su presencia es un indicador positivo común.
  • Acidothermus (Acidobacteria): Bacterias oligotróficas (adaptadas a ambientes con pocos nutrientes) que participan en el ciclo de carbono y son comunes en suelos ácidos o con materia orgánica.
  • Amphiplicatus (Proteobacteria): Menos estudiado en este contexto, pero las Proteobacteria incluyen muchos simbiontes y bacterias involucradas en ciclos de nutrientes.
  • Hongos como Cladosporium y Chrysosporium: Pueden tener roles saprofíticos (descomponen materia orgánica liberando nutrientes) o incluso endofíticos/benéficos en ciertos contextos, aunque algunos Cladosporium también pueden ser patógenos. En este estudio se asociaron positivamente con mayor peso, posiblemente contribuyendo a una comunidad equilibrada con menor dominancia de patógenos dañinos.

Un mayor peso del fruto se vincula, por lo tanto, a menor presión de patógenos, presencia de estos taxones específicos y buena disponibilidad de micro/macronutrientes. Otros taxones menos abundantes (como Ensifer y Mesorhizobium) actuaron como nodos clave en las redes microbianas de la rizósfera.

El monocultivo y sus efectos sobre la comunidad microbiana

El monocultivo continuo representa uno de los principales factores de deterioro de la microbiota del suelo. Estudios en invernaderos de papa documentaron que el monocultivo redujo la dominancia del filo fúngico característico del suelo sano, mientras que aumentaron los hongos patógenos. En invernaderos de plátano con suelos ácidos (pH 5.93), la diversidad bacteriana disminuyó de forma continua tras cuatro temporadas de monocultivo; en tomate, se observó que la población bacteriana rizosférica primero aumenta y luego decrece con los años de cultivo continuo en suelos ácidos.

Los cambios en las propiedades físico-químicas del suelo,pH, densidad aparente, humedad, fertilidad y contenido de materia orgánica, son reconocidos como los principales motores de estas transformaciones microbianas. Un estudio a doce años en invernaderos de fresa mostró que el pH y los niveles de potasio de acción rápida (AK) y nitrógeno amoniacal (NA) aumentaron significativamente tras cuatro años de monocultivo, correlacionándose con el incremento de hongos patógenos. En tomate, se reportó que seis años de monocultivo en invernadero favorecieron el aumento de hongos patógenos, mientras que la introducción de rotación de cultivos eliminó esta desventaja. En pepino bajo monocultivo, el AK y el potasio total (KT) resultaron los parámetros más estrechamente asociados con los cambios en la estructura de las comunidades bacteriana y fúngica.

El mecanismo subyacente está relacionado con el desequilibrio nutrimental que el monocultivo produce inevitablemente: la acumulación de algunos nutrientes y el agotamiento de otros perturba la estabilidad de la comunidad microbiana, favoreciendo la proliferación de microorganismos oportunistas o patógenos. Este desequilibrio simplifica la diversidad bacteriana, dejando predominar organismos tolerantes,entre ellos algunos patógenos,, con el consecuente deterioro funcional del suelo.

Hacia una gestión integral del suelo

La evidencia acumulada señala que la comunidad microbiana del suelo varía en respuesta a las características químicas del suelo y al tiempo acumulado de monocultivo, y que existe una relación dinámica e interna entre ambas variables. Para profundizar en esta relación, se han llevado a cabo estudios en suelo rizosférico de invernaderos de tomate representando secuencias cronológicas de 0 a 20 años de monocultivo, con el objetivo de identificar los factores que modulan la microbiota y comprender cómo esta incide sobre la productividad.

Los resultados de este tipo de investigaciones sientan las bases para mejorar las estrategias de manejo del cultivo: desde la aplicación de composta y biofertilizantes hasta la implementación de rotaciones y la reducción de la labranza. La microbiota del suelo no solo incrementa el rendimiento del tomate, sino que mejora la calidad del fruto, reduce la dependencia de insumos externos y fortalece la sostenibilidad del sistema productivo en su conjunto. Integrar su gestión como eje central de las prácticas agronómicas es, hoy en día, una condición necesaria para una horticultura moderna, rentable y ecológicamente responsable.

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