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PEPINO

por Redacción

Desafíos Sanitarios en Cucurbitáceas: El Complejo de la Podredumbre Radicular

El panorama fitosanitario para los productores de cucurbitáceas tales como pepino, sandía, calabaza y melón, se ha vuelto drásticamente más complejo en la última década. A la ya extensa lista de más de 200 enfermedades conocidas, se han sumado patógenos emergentes que ponen en jaque la productividad tanto en campo abierto como en agricultura protegida. Desde la enfermedad de la vid amarilla hasta virus de reciente identificación como el del arrugamiento de la hoja, el agricultor moderno se enfrenta a un ecosistema de amenazas que requiere una comprensión técnica profunda y una capacidad de respuesta inmediata.

Recientemente, la industria ha documentado un aumento significativo en la incidencia de enfermedades como el colapso por Acremonium, la podredumbre radicular por Rhizopycnis y el tizón bacteriano. Sin embargo, son las patologías que afectan el sistema radicular y la base del tallo las que mayor impacto económico generan debido a su capacidad de supervivencia en el suelo.

Enfermedades como el declive de la vid, la marchitez bacteriana, el oídio en sandía y, especialmente, el tizón de Phytophthora y las diversas variantes de Fusarium, se han consolidado como los principales enemigos del vigor vegetativo. Estas afecciones suelen manifestarse de manera insidiosa, afectando la fenología de la planta y reduciendo drásticamente la calidad comercial del fruto.

La Amenaza Silenciosa de Phomopsis sclerotioides

Dentro de este complejo de enfermedades, la podredumbre negra de las raíces, causada por el hongo Phomopsis sclerotioides, destaca por su agresividad. Identificada por primera vez en 1967 en los Países Bajos, su presencia se ha globalizado, afectando hoy a potencias agrícolas en Europa, América del Norte y Asia.

Aunque este patógeno puede atacar a diversas cucurbitáceas, los miembros del género Cucumis son los más susceptibles. Lo que hace a P. sclerotioides particularmente peligroso es su estrategia de supervivencia. A diferencia de otros hongos, no se han reportado picnidios de manera común en el campo; en su lugar, el hongo produce pseudomicrosclerocios y pseudostromata. Estas estructuras de resistencia son capaces de sobrevivir al menos dos años en suelos arenosos, incluso en ausencia de un hospedador, esperando las condiciones de humedad y temperatura ideales para iniciar un nuevo ciclo de infección.

Sintomatología: El «Tablero de Ajedrez» Radicular

El diagnóstico de esta enfermedad suele ser tardío, ya que los síntomas aéreos, como el marchitamiento repentino de la planta, suelen aparecer al final de la temporada, justo cuando los frutos ya están formados. A diferencia de otras marchiteces, esta no siempre presenta una clorosis (amarillamiento) previa; la planta simplemente colapsa.

Sin embargo, el secreto está en las raíces. Las plantas infectadas muestran lesiones que van del color salmón al gris-marrón. Un signo distintivo son las líneas negras oscuras (pseudostromata) que delimitan las áreas infectadas. En etapas avanzadas, se observan pseudosclerocios negros rectangulares en las células de la corteza, creando un patrón visual muy similar a un tablero de ajedrez. En este punto, la corona y la raíz principal se vuelven corchosas y secas, privando a la planta de cualquier capacidad de absorción.

El Manejo Integrado: Más que una Alternativa, una Necesidad

La gestión eficaz de estas enfermedades no depende de una «solución mágica», sino de la implementación de un protocolo de Manejo Integrado de Plagas y Enfermedades (MIPE).

1. El Control Cultural y el Drenaje

El exceso de riego es, con frecuencia, el catalizador de la pudrición. Un suelo saturado elimina los macroporos de aire, creando condiciones anaeróbicas que asfixian las células radiculares. Esta falta de oxígeno debilita la planta y abre la puerta a patógenos oportunistas como Pythium y Phytophthora.

La mejora del drenaje es fundamental. En suelos pesados o compactados con alto contenido de arcilla, el uso de enmiendas orgánicas (compost o estiércol bien maduro) y la nivelación de los terrenos son pasos críticos. En sistemas de producción intensiva, los bancales o camas elevadas ofrecen un control superior sobre la humedad de la zona radicular.

2. Estrategias de Riego y Nutrición

Se recomienda transitar hacia sistemas de riego por goteo o mangueras de remojo para evitar el contacto directo del agua con el cuello de la planta. La regla de oro es regar a profundidad pero con menor frecuencia, permitiendo que las primeras dos pulgadas de suelo se sequen antes de la siguiente aplicación. Esto desincentiva la proliferación fúngica y estimula un crecimiento radicular más profundo y resiliente.

3. Técnicas de Desinfección y Biocontrol

Aunque la desinfección química del suelo sigue siendo una de las herramientas más potentes, su costo y el impacto ambiental han impulsado la adopción de alternativas como:

  • Solarización: Uso de energía solar para elevar la temperatura del suelo y reducir la carga de inóculo.
  • Portainjertos Resistentes: El uso de patrones de Cucurbita ficifolia (calabaza de castilla o chilacayote) ha demostrado ser una barrera eficaz contra enfermedades radiculares en pepino.
  • Control Biológico: El uso de microorganismos antagónicos como Gliocladium roseum o especies de Trichoderma para colonizar el nicho ecológico antes que el patógeno.

4. Higiene y Rotación

La rotación de cultivos (evitando cucurbitáceas por tres o cuatro años en el mismo lote) es esencial para romper el ciclo de vida de los hongos del suelo. Asimismo, la sanidad mecánica —limpiar herramientas con soluciones cloradas y el arranque de plantas enfermas (roguing)— previene la dispersión del inóculo por el equipo o las manos de los trabajadores.

Distribución global del hongo Diaporthe sclerotioides o Phomopsis sclerotioides

La podredumbre negra de las raíces causada por el hongo Phomopsis sclerotioides (también conocido como Diaporthe sclerotioides) es una enfermedad que afecta principalmente a cultivos de cucurbitáceas, como pepino, melón y sandía. Los síntomas incluyen marchitamiento de las plantas, raíces ennegrecidas con pseudosclerocios y posibles pérdidas en el rendimiento, especialmente en condiciones de estrés como suelos ácidos (pH < 6.5), déficit hídrico o temperaturas inferiores a 20°C. Esta patología se considera un problema relevante en regiones donde se ha reportado, como en Europa (Países Bajos), Asia (Japón) y América del Norte (Canadá y Estados Unidos, específicamente en Washington).

En cuanto a México, no se encontraron reportes confirmados de la presencia o impacto significativo de Phomopsis sclerotioides en cultivos. Revisiones exhaustivas de la distribución global de este hongo no incluyen a México ni a otros países de América Latina como áreas afectadas, y se indica explícitamente la ausencia de información sobre problemas en esta región. México es un importante productor de cucurbitáceas (como en estados como Sonora), pero las enfermedades de raíces en estos cultivos suelen estar asociadas a otros patógenos, como Fusarium spp. o Phytophthora capsici, en lugar de este hongo específico. Por lo tanto, el problema no parece grave en México, ya que no hay evidencia de su ocurrencia o de daños económicos notables. Si hay casos locales no documentados, podrían ser raros o confundidos con otras pudriciones radiculares.

Para prevenir o manejar posibles riesgos en cultivos de cucurbitáceas, se recomiendan prácticas generales como rotación de cultivos, uso de sustratos estériles en invernaderos, injertos en portainjertos resistentes (como calabaza) y monitoreo de suelos, aunque no sean específicas para este hongo en México. Si se sospecha de su presencia, se sugiere confirmar con diagnósticos laboratorianos.

El éxito en la producción de cucurbitáceas hoy depende de la vigilancia constante. Entender que el suelo no es solo un soporte, sino un reservorio de vida y, potencialmente, de patógenos, es el primer paso para una cosecha exitosa. Mantener el «potencial de enfermedad» bajo mediante prácticas preventivas siempre será más rentable y sostenible que intentar rescatar un cultivo que ya muestra los signos del colapso.

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