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manejo de trips en cebolla

CEBOLLA

por Redacción

Manejo integral de la cebolla: rotaciones, nutrientes y control del trips vector del virus de la mancha amarilla del iris

Siendo un hecho que el de la cebolla, Allium cepa L., constituye un cultivo de alto valor económico en México y en muchas regiones del mundo, su manejo habitual, cultivado intensivamente, incluye rotaciones cortas, elevadas dosis de fertilizantes y un uso intensivo de insecticidas dirigidos principalmente contra Thrips tabaci Lindeman, el trips de la cebolla (TC). A pesar de estas prácticas, las pérdidas por alimentación del insecto y por enfermedades asociadas siguen siendo importantes. El TC no solo daña directamente el follaje, sino que también transmite el virus de la mancha amarilla del iris (IYSV), que genera lesiones lenticulares en las hojas, reduce la capacidad fotosintética y limita el tamaño final del bulbo. Este virus se ha consolidado como una amenaza seria para la producción mundial de cebolla.

Las estimaciones conservadoras sitúan las pérdidas de rendimiento por IYSV entre 5 y 10 % en diversas zonas productoras, aunque en campos individuales las mermas pueden alcanzar el 60 % o más en brotes severos. Hasta ahora no se dispone de variedades plenamente resistentes, aunque algunas muestran menor susceptibilidad. La combinación de fertilización excesiva, resistencia creciente a insecticidas y pérdidas persistentes por trips e IYSV pone en riesgo la sostenibilidad del cultivo.

Hasta la fecha, la mayoría de los estudios de investigación se han centrado en un solo aspecto del manejo del cultivo de cebolla, como la mejora de los métodos de control de trips. Sin embargo, se requiere un enfoque integrado o sistémico para examinar las complejas interacciones entre los múltiples componentes agrícolas que afectan la producción. Al analizar la unidad de producción completa, el objetivo es identificar, por ejemplo, los factores sistémicos que impulsan la presión de plagas e identificar prácticas culturales que mejoren de manera sinérgica la producción y el funcionamiento del ecosistema, en favor de una mayor sostenibilidad. Por ello, un enfoque de finca integral debe buscar optimizar la producción mediante la manipulación de componentes clave como la rotación de cultivos, el manejo integrado de plagas y el ciclo de nutrientes.

La mayor parte de la investigación se ha centrado en componentes aislados del sistema, como el control de trips. Sin embargo, se requiere un enfoque sistémico que examine las interacciones entre rotación de cultivos, manejo de plagas, nutrición y salud del suelo. Solo así es posible identificar los factores que impulsan la presión de plagas y diseñar prácticas culturales que mejoren de forma sinérgica la productividad y el funcionamiento del agroecosistema.

Las rotaciones cortas, favorecidas por la agricultura moderna por su facilidad de manejo y percepción de mayor rentabilidad, permiten que plagas polífagas como el TC se mantengan entre hospederos favorables. En contraste, las rotaciones diversificadas y de mayor duración interrumpen la continuidad de recursos (sitios de oviposición y fuentes de alimento nutritivo), limitan el desarrollo de las poblaciones de trips y reducen la incidencia del virus. Además, los suelos bajo rotaciones prolongadas tienden a suprimir patógenos transmitidos por el suelo, incluidos hongos y nematodos. El control efectivo del virus y su vector exige, por tanto, cambios simultáneos en varias prácticas de cultivo.

La nutrición de la cebolla presenta particularidades derivadas de su sistema radicular superficial. Se aplican con frecuencia dosis elevadas de nitrógeno, en sistemas intensivos superiores a 200-300 kg ha⁻¹ e incluso reportadas hasta cerca de 450 kg ha⁻¹, para favorecer el tamaño y el valor comercial del bulbo. No obstante, el exceso de nitrógeno puede incrementar la concentración del elemento en los tejidos y hacer la planta más atractiva para las plagas. La lixiviación de nitratos (NO₃⁻-N) hacia aguas subterráneas y superficiales constituye un problema ambiental y de salud pública bien documentado. Ante esta situación, se han reevaluado las dosis y los momentos de aplicación; las reducciones totales y el uso de formulaciones de liberación lenta han permitido mantener rendimientos y calibres altos con menor impacto ambiental.

El conocimiento de las preferencias de color de T. tabaci y otras especies de trips ofrece herramientas para el muestreo, el monitoreo y la captura masiva con trampas adhesivas. Estas preferencias pueden, además, orientarse hacia la selección de cultivares con colores foliares menos atractivos. Aunque muchos estudios han privilegiado las señales químicas, la percepción visual del color y la forma resulta relevante, e incluso determinante, en la localización del hospedero. Dentro de los tisanópteros, algunas especies como Taeniothrips simplex y Frankliniella schultzei muestran atracción por el rojo, mientras que otras se consideran daltónicas a ese color. Frankliniella occidentalis responde principalmente a longitudes de onda ultravioleta, azul y amarilla. En estudios de trampeo de campo, el verde suele figurar entre los colores menos atractivos para T. tabaci y F. occidentalis, aunque se requieren más investigaciones sobre las diferencias entre tonos de verde.

Por un enfoque integral en la producción de cebollas

Paralelamente, crece el interés por la salud del suelo como vía para reducir insumos y aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas. Se entiende por salud del suelo la capacidad de este para funcionar como un sistema vivo que sostenga la productividad biológica, preserve la calidad ambiental y mantenga la salud de plantas y animales. Las enmiendas orgánicas mejoran la fertilidad a largo plazo, las propiedades físicas y la biomasa y actividad microbiana. Esta última es un indicador clave de la disponibilidad de carbono y nitrógeno lábiles, del potencial de ciclado de nutrientes y de la capacidad de supresión de enfermedades. Las altas dosis de nitrógeno mineral suelen reducir la biomasa y la actividad microbiana, lo que puede agravar los problemas de plagas.

Algunos productores recurren a bioestimulantes en lugar de materia orgánica. Aunque la composición de estos productos varía ampliamente y su efecto no está plenamente caracterizado, la mayoría actúa mejorando la disponibilidad de nutrientes a través de la estimulación de la microbiota del suelo.

En conjunto, la sostenibilidad de la producción de cebolla exige un enfoque integral que combine rotaciones diversificadas, nutrición racional, manejo de la salud del suelo y estrategias de control de trips que reduzcan la presión del vector del IYSV.

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