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INJERTOS Y TÉCNICAS MODERNAS PARA ATACAR EL PROBLEMA DE LA MUERTE BLANCA EN PEPINO

por Redacción

Una de las estrategias para contrarrestar los problemas de salinidad es el empleo de la técnica del injerto. El injerto en plantas de pepino irrigadas con agua salina ha demostrado tener menor efecto negativo sobre el peso seco y el área foliar de la variedad.

De acuerdo con lo observado, en las plantas injertadas la absorción y transporte de Na+ es limitada y se favorecen tanto la absorción de K+ como la relación K+/Na+. No obstante, la concentración de K+, Na+ y la relación K+/Na+ en el follaje de plantas injertadas de pepino pueden ser favorables o nulas al emplear híbridos de calabaza, C. máxima x C. moschata, bajo concentración salina. Plantas injertadas de pepino con el portainjerto Chilacayote, Cucurbita ficifolia, bajo estrés de NaCl han presentado mayor producción y contenido de azúcar soluble, sin alterar el peso del fruto. El peso del fruto es afectado por los portainjertos Affyne y P360, C. maxima x C. moschata, mientras que la firmeza y el contenido de sólidos solubles no son modificados. Esto indica que la calidad de la fruta dependerá de la combinación portainjerto-variedad. Estos resultados son importantes dados los problemas de salinidad en zonas áridas y semiáridas, los cuales se incrementan por efecto de alta temperatura, disminución pluvial y aumento de concentración salina en agua de riego. El impacto de la salinidad es directamente en la producción de los cultivos. La presencia de cloruro de sodio induce disminución en contenido relativo de agua y minerales como potasio, calcio y proporción potasio/sodio en plantas de pepino, así como aumento en la concentración de sodio en el tejido y, consecuentemente, estrés oxidativo.

La salinidad o “muerte blanca” es un problema agrícola severo en muchas partes del mundo y será un tópico relevante a través del actual milenio; además, la explosión demográfica mundial demanda de suficientes alimentos para abastecer la actual demanda mundial. Con riego se alcanzan los más altos potenciales de rendimientos unitarios y éstos incrementan su estabilidad. Un adecuado suministro del agua de riego es, por lo tanto, importante para la producción agrícola. Sin embargo, los recursos hídricos de buena calidad no satisfacen la demanda creciente. En la actualidad, el agua subterránea es el mayor recurso hídrico, pero 55% de ésta es salina, con Na+ y Cl como los iones más abundantes. En regiones costeras hay riegos de intrusión marina, donde 55% del agua de riego tiene una conductividad eléctrica (CE) mayor que 3.5 dS m-1. Alrededor de la agricultura intensiva protegida de los litorales, se han desarrollado actividades e industrias auxiliares económicamente significativas, pero también se ha aumentado el déficit y empeorado la calidad del agua.

Transición a una producción de cultivo sin suelo

En este tipo de agricultura ha sido posible obtener altos rendimientos con buena calidad, gracias a técnicas culturales modernas y nuevos cultivares. Sin embargo, la salinización secundaria del suelo como una consecuencia del excesivo aporte de fertilizantes es un problema creciente. A este respecto, la transición del cultivo en suelo a cultivo sin suelo es un gran desafío, pero que está en marcha. En los sistemas de cultivo sin suelo (CSS), los nutrimentos son aportados a las plantas disolviéndolos en el agua de riego. La concentración de la solución nutritiva está estrechamente relacionada con la CE. No obstante, en los CSS la solución nutritiva debe ser renovada y abundante para mantener el balance de nutrimentos. En cultivos en lana de roca y perlita normalmente se necesita 30% más de agua y entre 15 y 25% más de sales para reunir la demanda de agua y prevenir la acumulación de solutos. Las sales y aguas adicionales drenan y contaminan tanto al suelo, como a las aguas superficiales y profundas. Para paliar este problema, los productores holandeses han adoptado la recirculación de la solución nutritiva, mediante sistemas cerrados, en tanto que en el litoral mediterráneo estos sistemas aún son incipientes a escala comercial y se presume que estos sistemas cerrados sólo se impondrán mediante legislación. Sin embargo, paulatinamente se está encaminando el cultivo en “enarenado” hacia el cultivo en sustratos inertes como lana de roca y perlita cuya superficie actual ronda las 3000 hectáreas, aunque con sistemas abiertos o solución perdida.

Un sistema “cerrado” con la recirculación de la solución nutritiva asegura un reutilización total del agua y nutrimentos encadenando el ahorro de agua y decreciendo la emisión de nutrimentos. Al proyectar el sistema de reutilización de la solución de drenaje, es fundamental considerar la calidad química y biológica del agua de riego.  La concentración de uso de los nutrimentos no es necesariamente igual a la concentración de la solución. Como consecuencia, algunos nutrimentos se acumularán después de un cierto período de recirculación. Es decir, las sales no nutrimentos, como Na+ y Cl, pueden acumularse en la solución nutritiva, además del Ca2+, Mg2+ y SO42- , dado que estos iones no son del todo absorbidos por muchas especies de plantas. Así, una calidad de agua pobre puede causar problemas de salinidad en los sistemas de cultivo cerrados. La CE de la solución nutritiva es muy importante para la producción de cultivos, dado que la CE afecta la cantidad y calidad de la producción del cultivo. Debido a las regulaciones ambientales, el reutilización del agua de la fracción de lavado está siendo una práctica común para muchos cultivos de invernaderos en Holanda. En estos sistemas, tanto los fertilizantes no usados, como ciertos iones de la fuente de agua (Na+ y Cl) tienden a acumularse en la solución nutritiva. Varios investigadores han documentado que una alta concentración de solutos en el ambiente radical reduce el rendimiento y esto está relacionado con algunos desórdenes del fruto pero no con el número de frutos cosechados, ni con la materia seca de éstos. Sin embargo, la salinidad moderada puede también mejorar la calidad de frutos. Se cree que los efectos antes mencionados están modelados por las condiciones climáticas durante el crecimiento del cultivo.

La absorción de agua y la transpiración son dos procesos fisiológicamente diferenciados en la planta, no obstante, están muy relacionados. El balance entre estos procesos de control está dirigido por el potencial hídrico, el cual afecta la acumulación de agua en los tejidos de crecimiento. A alta salinidad (bajo potencial osmótico de la solución nutritiva), el potencial hídrico de la plata decrecerá. Asimismo, una transpiración alta causará un descenso del potencial hídrico de toda la planta. Porque ambas, transpiración y salinidad, afectan el estado hídrico y una baja transpiración puede ayudar a compensar los efectos negativos de la salinidad. La reducción de clorofila, tasa de asimilación neta de CO2, conductancia estomática, decaimiento no fotoquímico y eficiencia fotoquímica del PSII son otros de los efectos del estrés salino, lo que se refleja en una menor biomasa y producción en plantas de pepino. El rendimiento decrece en 5.7% por cada incremento de 1 dS m–1 de CE en el agua de riego, principalmente debido a la reducción del número de frutos. La firmeza y acidez del fruto no se modifican por efecto de la salinidad.

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