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Búsqueda hacia sustratos alternativos con buena disponibilidad y bajo costo

por Redacción

Durante los últimos años, la agricultura se ha visto beneficiada por una revolución tecnológica que implica el uso de variedades más competitivas y productivas, así como la introducción de nuevos materiales y equipo que permitan un control más exhaustivo de las condiciones medioambientales, tales como los sistemas de fertirrigación, materiales de cobertura, etc.

Junto a estos cambios tecnológicos se observa una sustitución gradual de la forma de cultivo tradicional por otros sistemas; este fenómeno es más pronunciado en los sectores más intensivos de la agricultura como es el caso de la producción hortícola y ornamental. El cultivo de hortalizas ha sufrido una evolución y un cambio en toda su concepción; ésta nueva situación se caracteriza por una mayor especialización de las diferentes áreas de trabajo. Como resultado de esta especialización, ha existido un cambio paulatino en los métodos de siembra utilizados tradicionalmente debido principalmente, a la existencia de factores limitantes para el desarrollo de los cultivos en el suelo natural; particularmente salinización, enfermedades y agotamiento de los suelos agrícolas.

Este creciente deterioro de la capacidad de uso de la tierra ha llevado a la sustitución gradual del método de siembra directa por el uso de almácigos o semilleros los cuales permiten la obtención de plántulas de calidad. Este sistema de cultivo de plantas en sustrato durante la primera etapa del desarrollo –almácigo– permite un control riguroso del medio ambiente radicular, particularmente de los aspectos relacionados con el suministro de agua y nutrientes para la plántula. En términos generales, la elaboración del almácigo es el porcentaje más bajo del costo total del cultivo hortícola, sin embargo es el que más puede influir en el resultado y en el porcentaje del costo total de los otros capítulos que intervienen en la producción.

El “almácigo o semillero” es una etapa en la cual, a partir del control riguroso de las diversas condiciones (ambientales, nutricionales, fitosanitarias y de manejo) se logra la germinación y crecimiento de la semilla con el propósito de obtener en un área específica plántulas de calidad, listas para su transplante. Su uso se ha hecho imprescindible en la cadena de producción de la horticultura moderna ya que, debido al elevado costo de la semilla de las especies hortícolas se hace necesario un sistema especializado que permita no solo el máximo porcentaje de germinación sino también la obtención de plántulas de calidad que garanticen el éxito futuro de la plantación.

Ventajas y desventajas de los almácigos sobre el método de siembra convencional

Ventajas observables:

  • Permite atender a las plantas en estados más vulnerables de su desarrollo (germinación).
  • Brinda protección de las condiciones adversas en el ambiente como temperaturas extremas, humedad excesiva, etc.
  • Permite una mayor eficiencia en el uso de mano de obra debido a que las plantas se tienen concentradas en un área relativamente pequeña.
  • Facilita el proceso de homogenización de la plantación permitiendo a los productores establecer poblaciones de plantas de forma casi perfecta, obtener espaciamiento óptimo y uniformidad fisiológica de las plantas.
  • Utilización de menor cantidad de semilla (se elimina la necesidad de raleo y el control temprano de malezas con relación a la siembra directa).
  • Permite el uso más eficiente del fertilizante y del agua de irrigación durante los estados tempranos de producción.

Desventajas más probables:

  • El costo de producción en el invernadero y de implantación en el campo suele ser de tres a cuatro veces mayor que el de siembra directa y requiere una mayor especialización del personal y equipamiento.
  • Las plántulas sufren un estrés muy fuerte como consecuencia del transplante.

Componentes más frecuentes como medio radicular

Se entiende por sustrato el medio inerte compuesto de tres fases: sólida liquida y gaseosa, que cumple las función de anclaje de las raíces (protegiéndolas de la luz y permitiéndoles la respiración) además de contener el agua y los nutrientes que las plantas necesitan para su crecimiento.

En horticultura el término “sustrato” se aplica a todo material distinto del suelo natural o de síntesis, mineral u orgánico que, colocado en un recipiente, en forma pura o en mezcla, permite el anclaje del sistema radicular, desempeñando, por tanto, un papel de soporte para la planta. El sustrato puede intervenir (material químicamente activo) o no (material inerte) en el proceso complejo de la nutrición vegetal.

Existe gran cantidad de sustratos de uso comercial los cuales se pueden clasificar de acuerdo a sus propiedades y origen de la siguiente manera:

Según sus propiedades

Químicamente inertes: arena silícea o granítica, grava, roca volcánica, perlita, lana de roca, ardua expandida, etc.

Químicamente activos: turbas rubias y negras, corteza de pino, residuos lignocelulósicos, vermiculita, etc.

La diferencia entre ambos grupos se establece por su capacidad de intercambio catiónico (CIC). Así, cuando la CIC es pequeña o nula el material actúa exclusivamente como medio de soporte para el cultivo, sin ejercer influencia sobre el intercambio de minerales de los que se alimenta la planta. Los materiales químicamente activos acumulan los nutrientes y forman una reserva, de la cual los va tomando la planta. Actúan por lo tanto como un colchón entre el suministro y la planta, que amortigua cualquier variación del mismo a lo largo del tiempo.

Según su origen

  • Materiales orgánicos

Naturales: turbas rubias y negras, fibra de coco.

Subproductos de actividades agrícolas, urbanas e industriales: En general necesitan un tratamiento de compostaje para ser aptos para el cultivo.

Sintéticos: son polímeros de la industria de los plásticos, no biodegradables.

  • Materiales minerales

Naturales: proceden de rocas y minerales diversos: arenas, gravas, arena volcánica, etc.

Tratados: perlita, lana de roca, vermiculita, arcilla expandida, escorias industriales de altos hornos, estériles de carbón, etc.

Los componentes utilizados con mayor frecuencia como medio radicular son turba-vermiculita-perlita en igual proporción de volumen (1:1:1), turba arena (2:1), turba-perlita (2:1) o turba-poliestireno expandido (2:1). En nuestro país los materiales utilizados como sustratos provienen de materiales importados lo cual representa alrededor de un 80% de los costos de producción del almácigo. Por esta razón se debe encaminar la búsqueda hacia sustratos alternativos que sean de fácil disponibilidad y bajo costo. La posibilidad de aprovechar como sustrato hortícola la gran diversidad de materiales disponibles en nuestro entorno, está supeditada a un buen conocimiento de sus propiedades, ya que a partir de éstas es posible saber el tipo de adecuación que requieren antes de su uso, sus aplicaciones y establecer las técnicas de manejo pertinentes.

Se recomienda en primera instancia realizar una evaluación agronómica de los posibles materiales alternativos para su uso como sustratos, siguiendo de manera rigurosa las siguientes etapas:

  • Caracterización de los materiales (química, física y biológicamente)
  • Estudio critico de sus propiedades.
  • Mejora sencilla si correspondiera de dichas propiedades.
  • Ensayos de crecimiento vegetal.

Entre los diferentes grupos de sustratos utilizados, los más indicados para el cultivo son aquéllos que no tienen actividad química o la tienen muy reducida. Estos materiales sirven de soporte al cultivo, proporcionan al sistema cierta capacidad de amortiguación de la disponibilidad de agua y nutrientes, inferior a la de los materiales orgánicos y también aumentan la inercia térmica del ambiente radicular.

Un sustrato de calidad debe en forma general estar altamente disponible, debe permitir su estandarización y tener un costo compatible con el cultivo; además debe estar libre de semillas de malas hierbas, nemátodos y otros patógenos, y sustancias que puedan ser tóxicas para el cultivo. Así también, debe ser fácil de preparar y manejar; debe poseer una alta porosidad (mayor del 70% para que permita una adecuada aireación; tener una baja densidad aparente, ser estable en el tiempo, poseer un pH adecuado al cultivo (menor a 7) y tener una baja salinidad.  En síntesis, un sustrato debe reunir un conjunto de características que lo hagan apto para el cultivo. No obstante, no siempre un solo sustrato reúne todas las características deseables; por ello a veces se recurre a mezclar diversos materiales, buscando que unos aporten lo que les falta a otros.

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