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Una buena selección de semilla puede garantizar altas productividades

por Redacción

Héctor Valenzuela Gómez

En la producción de alimentos agrícolasm, una cosecha exitosa está supeditada en un cien por ciento a la calidad de las semillas al ser éstas el punto de partida para la producción; es indispensable que tenga una buena respuesta en las condiciones de siembra y que produzcan plántulas vigorosas que alcancen el máximo rendimiento.

En otras palabras, desde un punto de vista sustentable, es necesario tener semilla de calidad para obtener una buena cosecha. La semilla es el comienzo para la producción de cultivos y el primer factor que interviene para una buena siembra y cosecha. La semilla de buena calidad representa el insumo por excelencia que permitirá sustentar las actividades agrícolas, además de contribuir en gran parte a mejorar la producción en términos de calidad y rentabilidad del cultivo, el cual se ve afectado por el uso de semilla de mala calidad. De hecho, los primeros problemas que se le presentan al productor y que conllevan a dificultades durante la siembra y cosecha de un cultivo, comienzan al no saber determinar los defectos incorporados en la semilla, tales como bajo poder germinativo, daño mecánico, bajo vigor, la impureza de los lotes de semillas y la presencia de patógenos como hongos, bacterias, virus etc. Asimismo, existen variedades que no están adaptadas a determinadas zonas de siembra y que, al ser cultivadas no germinan o presentan bajo rendimiento. Por estas razones, los trabajos orientados a determinar el potencial de semillas para una rápida y uniforme emergencia, seguido de una buena evaluación del desarrollo de plántulas normales, bajo las diferentes condiciones de campo, son de gran importancia para la agricultura.

Es necesario aplicar métodos prácticos, sencillos y económicos que permitan verificar la calidad de la semilla, planificar la siembra y reducir los riesgos de una mala producción de cultivos. Las semillas presentan problemas de calidad probablemente por su constitución genética (híbridos), por las condiciones ambientales durante su periodo de desarrollo en la planta madre, por condiciones de su almacenamiento, etc. Todo esto podría causar diferencias de vigor entre lotes de semillas o dentro de un mismo lote. Frente a esta situación, tanto las industrias productoras de semillas como los pequeños agricultores podrían conseguir grandes beneficios al someter los lotes de semillas a pruebas de vigor. Una semilla de buena calidad es aquella que puede germinar y que se encuentra libre de organismos patógenos como bacterias, hongos o virus; sin embargo, el concepto es más amplio y multidimensional, ya que está conformado por varios factores, entre los cuales se incluyen la pureza botánica y  genética, el poder germinativo, el vigor de las semillas, la dormición, la homogeneidad del lote, el estado fitosanitario y el contenido de humedad.

Considerando estos factores, una semilla de calidad debe ser de la misma especie y cultivar deseado, debe ser una semilla pura o libre de material inerte u otras semillas; no puede presentar dormición o en caso se presente, este estado debe poder revertirse naturalmente; el estado de germinación de la semilla debe ser elevado al igual que su estado sanitario; de fácil conservación, es decir bajo contenido en agua; y además, esta semilla debe ser capaz de adaptarse de manera fácil a las condiciones edáficas y climáticas de la zona a la que se destina. Los criterios de calidad mencionados son de naturaleza diversa y es por ello que no es posible establecerse un orden o prioridad entre ellos. Asimismo, la calidad de las semillas se regirá en función a todas las características enunciadas, y que serán las condiciones del cultivo las que determinarán una mayor o menor contribución entre ellas.

Condiciones primordiales de la calidad de las semillas

Es posible mencionar algunas condiciones que describen de forma más concisa y que a la vez, engloban los factores mencionados sobre la calidad de una semilla:

  • La capacidad del lote de semillas para producir plántulas normales,
  • Potencial de emergencia y uniformidad en el campo,
  • Potencial de almacenamiento.

Pureza física del lote de semilla

Las semillas se consideran limpias cuando pertenecen a la especie en cuestión indicada por el solicitante, o como el predominante en la muestra. Además, se deben incluir todas las variedades botánicas y cultivares de la especie. Lo ideal es que el 100 por ciento de un lote de semillas que se comercializa sea del cultivar elegido, pero que en muchos casos existen contaminantes presentes en los lotes adquiridos. Por ello, existen formas para medir la cantidad de estos contaminantes, tales como la pureza física, método que ayuda a establecer el porcentaje de semillas que efectivamente corresponden al cultivar en cuestión, a otras especies, a malezas y a materia inerte.

Pureza genética del lote de semilla

De igual modo, se evalúa también la pureza genética del lote, que es una medida de la cantidad de semillas compradas que poseen la misma composición genética que el cultivar elegido.

Germinación

La germinación es el desarrollo de aquellas estructuras esenciales que provienen del embrión, y que manifiestan la capacidad de la semilla para producir una planta normal bajo condiciones favorables. La germinación es la aparición y desarrollo de la plántula hasta una etapa donde el aspecto de sus estructuras esenciales indica si es o no capaz de desarrollarse más en una planta satisfactoria en condiciones favorables en el campo. La germinación incorpora aquellos eventos que se inician con la absorción de agua por la semilla seca y terminan con la elongación del eje embrionario. El proceso concluye cuando la radícula penetra y atraviesa las estructuras que rodean al embrión, lo que frecuentemente se conoce como germinación visible.

Circunstancias medioambientales que pueden devaluar la semilla

Todo factor ambiental que diste del óptimo para la planta le genera estrés, por lo tanto, el estrés es el efecto producido por un factor ambiental externo que dista del óptimo, actúa sobre la planta y genera respuestas. Las plantas pueden tomar agua del suelo siempre que el potencial hídrico del suelo sea mayor que el de la planta. Cuando hay sequía, es decir, un tiempo prolongado de sequedad, las plantas sufren estrés por déficit hídrico. El exceso y la falta de agua siempre han sido riesgos naturales de la agricultura. En la actualidad los agricultores sufren más que nunca los extremos climáticos, a pesar de los avances en la predicción del tiempo, del uso de satélites meteorológicos y de la existencia de avanzados modelos informáticos de simulación del clima.

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